Pocas veces se ha podido ver a un papa riendo a carcajada limpia en público. Eso fue lo que consiguieron estos dos artistas.
Todo esto sucedió en los encuentros que hubo entre el pontífice y centenares de jóvenes estudiantes que participaban en un congreso universitario impulsado por el Opus Dei en Roma. Y estas actuaciones son de finales de los años 80 y principios de los 90. Sus protagonistas eran dos estudiantes. Uno de ellos ahora es sacerdote.
CARLOS TORRIJOS
Mago
A San Juan Pablo II le gustaba el humor sencillo de un payaso normal, de esos que hemos visto en la televisión, en un circo. Estuvimos analizando qué cosas son las que le hacían disfrutar más, reír más, y eran cosas sencillas, el humor sencillo, nada de cosas complejas ni muy elaboradas. Los sentimientos del payaso o las situaciones en las que se expresaban emociones, con eso San Juan Pablo II conectaba enseguida.
Actuaciones como esta se repitieron hasta en seis años distintos. En ellas el famoso payaso y sus ayudantes experimentarían una conexión única con Juan Pablo II.
CARLOS TORRIJOS
Mago
Y luego hubo otra vez en la que sí que yo estaba mirando a San Juan Pablo II, que fue cuando habíamos hipnotizado a este músico, a este cantante, a este El Tuno. Y lo teníamos hipnotizado allí y para demostrar que no había nada que lo sujetara por debajo ni por arriba, pues Diego empieza a pasar por debajo de él. Y yo miraba al papa y le veía que estaba tan colorado, con tanta risa, que se le saltaban las lágrimas, que de verdad yo hubo un momento que pensé que teníamos que parar, porque si no aquello podía acabar mal.
DIEGO POOLE
Payaso Japo
La de 1990 es la que más se ríe, se rió tanto, tanto, tanto, que casi se caía de la silla, hasta tal punto, que al año siguiente, uno de los jefes de la Guardia Suiza, se me acercó y me dijo, que no se repita lo del año pasado. Y yo le pregunto, y ¿qué pasó el año pasado?, y me dice, que temíamos, por la salud del Santo Padre, por lo mucho que se reía. Lo decía, obviamente, en tono de broma, pero es verdad, no hay imágenes filmadas del papa, riéndose tanto, y esto lo dice el propio portavoz, de entonces, del Vaticano.
Los artistas cuentan que durante esos encuentros los participantes quisieron ir más allá de un encuentro protocolario y hacer algo más familiar. Alguno, como Diego, tuvo sus dudas de si hacerlo o no, pero al final se decidió y, de este modo, dieron al mundo, unas imágenes únicas e inéditas.
SA/JRB