El Papa visitó la catedral católica de Riga, y allí se reunió con personas asistidas por instituciones de la Iglesia.
Le recibió esta familia con 9 hijos. Los niños conocieron por casualidad a las Misioneras de la Caridad, y desde entonces ellas no dejaron de ayudarlos.
El Papa vio la tumba del anterior obispo de Riga, que fue martirizado en un campo de concentración.
Dentro le acogieron con tanto entusiasmo, que arrancaron una sonrisa al Papa.
Luego Francisco escuchó la historia de una madre de familia y de un hombre con dependencia del alcohol.
FRANCISCO
“Gracias por compartir también el testimonio de esas hermanas que no tuvieron miedo de salir e ir allí donde vosotros estabais para ser signo de la cercanía y de la mano tendida de nuestro Dios. Tú has dicho que eran como ángeles que venían, como ángeles que venían a visitaros. Y es así, son como ángeles”.
El Papa recordó que Dios siempre da una nueva oportunidad, y que por eso es importante crear vínculos entre las personas, para ayudarles a sentirse en casa y descubrir su propia dignidad.
FRANCISCO
“Él cuenta con vuestras historias, con vuestras vidas, con vuestras manos para recorrer la ciudad y compartir lo mismo que vosotros habéis vivido. ¿Hoy Jesús puede contar con vosotros? Que cada uno de vosotros responda”.
Antes de marcharse, el Papa saludó a alguno de ellos, pero el momento más divertido fue este pequeño que le despidió de un modo sorprendente.
“Es como si fueras mi tío”.